La empresa familiar es la columna vertebral del tejido productivo valenciano. También es, con frecuencia, su punto más frágil: no por falta de mercado ni de producto, sino por no haber preparado a tiempo la sucesión.
He visto compañías sólidas, con clientes fieles y cuentas saneadas, encallar en una conversación que nunca se tuvo. Quién manda cuando el fundador se retira. Qué pasa con los hermanos que no trabajan en la empresa. Cómo se valora lo que cada uno aporta.
El protocolo familiar no es papeleo
Un protocolo familiar bien hecho no resuelve los conflictos, pero los ordena: separa la propiedad de la gestión, fija reglas de entrada y salida y evita que las discusiones de domingo acaben en el consejo de administración del lunes.
La empresa familiar no muere de competencia. Muere de conversaciones aplazadas.
El relevo debe prepararse cuando las cosas van bien y el fundador aún tiene energía para acompañar. Hacerlo en plena crisis, o después de un susto de salud, es tomar la decisión más importante de la compañía en el peor momento posible.


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