Agua, sequía y el debate que seguimos evitando

El agua se ha convertido en arma arrojadiza entre territorios. Mientras tanto, la agricultura valenciana toma decisiones sin saber con qué contará en cinco años.

Edificios de la Ciutat de les Arts i les Ciències de Valencia

Cada episodio de sequía reabre el mismo enfrentamiento y lo cierra igual: con declaraciones cruzadas y ninguna decisión estructural. El agua se discute como si fuera una cuestión de banderas, cuando es sobre todo una cuestión de planificación.

Un agricultor que planta hoy un árbol frutal está tomando una decisión a quince años vista. Necesita saber con qué dotación contará. No una promesa electoral, sino un marco estable que sobreviva a los cambios de gobierno.

Eficiencia antes que épica

La Comunitat Valenciana es líder europea en riego por goteo: la eficiencia ya se ha exprimido mucho en el campo. El margen que queda está en las redes urbanas con pérdidas, en la reutilización de aguas depuradas y en la desalación bien dimensionada, no en repetir consignas.

El agua que no se pierde es la más barata y la única que no genera conflicto territorial.

Será impopular decirlo, pero también habrá que hablar de precio. Un recurso escaso que se factura por debajo de su coste real acaba gestionándose mal, aquí y en cualquier sitio.

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